Septiembre se tiñe de amarillo a nivel mundial para recordarnos una verdad que, como sociedad, muchas veces preferimos ignorar: el suicidio es un problema de salud pública que se puede prevenir. En mis casi 40 años de ejercicio psiquiátrico en Trujillo, he aprendido que el silencio es el mejor aliado de la desesperanza. Hoy, más que nunca, es imperativo que hablemos de la muerte para poder defender la vida con herramientas científicas y humanas.
El mito del silencio
Existe la creencia errónea de que hablar sobre el suicidio con una persona que está sufriendo puede "darle la idea". Como médico psiquiatra, les aseguro que es todo lo contrario. Nombrar el dolor, preguntar directamente "¿has pensado en hacerte daño?" o "¿sientes que la vida ya no vale la pena?", suele actuar como una válvula de escape. La persona se siente, quizás por primera vez en mucho tiempo, vista y validada en su sufrimiento.
El suicidio no es un acto de cobardía ni de valentía; es el resultado de un dolor psicológico tan abrumador que supera la capacidad de la persona para afrontarlo. En la mayoría de los casos, hay un trastorno mental subyacente, como una depresión mayor o un trastorno bipolar, que ha secuestrado la capacidad del paciente para ver alternativas.
Señales de alerta que no debemos minimizar
En el entorno familiar de Trujillo, muchas veces las señales se confunden con "llamadas de atención" o "malas crianzas". Debemos estar atentos a:
- Comentarios de despedida: Frases como "pronto ya no seré una carga" o "todo estaría mejor si yo no estuviera".
- Cierre de asuntos: Regalar pertenencias queridas, escribir notas o despedirse de amigos de forma inusual.
- Cambios bruscos de humor: Una persona que estaba profundamente deprimida y de pronto se muestra extrañamente tranquila o eufórica (esto puede indicar que ya ha tomado la decisión y siente "alivio").
- Aislamiento extremo: Dejar de responder mensajes, llamadas y evitar el contacto visual.
¿Cómo intervenir como familiar o amigo?
Si detectas estas señales, el primer paso es la escucha sin juicio. No intentes convencer a la persona de que "la vida es bella" o de que "hay gente que está peor". Eso solo aumenta la culpa. Lo que la persona necesita escuchar es: "Veo que estás sufriendo mucho y no quiero que pases por esto solo. Vamos a buscar ayuda juntos".
El rol del médico psiquiatra
La intervención profesional es innegociable. En consulta, evaluamos el riesgo de forma clínica y establecemos un plan de seguridad. Muchas veces, la hospitalización temporal es necesaria para proteger la vida mientras ajustamos la química cerebral. La medicación y la terapia intensiva son los puentes que permiten al paciente cruzar el río de la crisis hacia una orilla segura.
Mi labor en el Hospital de Alta Complejidad «Virgen De La Puerta» me ha permitido ver que, tras una crisis, la gran mayoría de los pacientes recupera el deseo de vivir y agradece la intervención. La vida siempre es la respuesta. No permitas que el estigma te impida pedir ayuda para ti o para los tuyos. En Medicentro El Golf, estamos comprometidos con el diálogo que salva vidas.

