Vivimos en la era de la inmediatez. En Trujillo, las exigencias laborales y familiares han disparado los cuadros de ansiedad. La ansiedad es, en esencia, un sistema de alarma que se quedó "trabado" en modo encendido. Se pasa más tiempo en el trabajo que en el hogar, más tiempo con las pantallas que viendo y escuchando a la familia.
El estrés no es tu enemigo, la cronicidad sí.
El estrés es útil para reaccionar ante un peligro. Sin embargo, cuando el peligro es una bandeja de entrada llena de correos electrónicos o la incertidumbre económica, y ese estado se mantiene por meses, el cerebro empieza a sufrir cambios químicos y con ellos la aparición de diversas enfermedades.
Como médico, mi labor es ayudarte a "resetear" ese sistema de alarma. Aquí te comparto herramientas que suelen ser el inicio de la recuperación en mis consultas:
- La regla de los 5 minutos: Si un pensamiento te angustia, concédele solo 5 minutos de reloj. Luego, oblígate a realizar una tarea física (limpiar, caminar, escribir). Ocuparse de algo físico si funciona para "desenchufarse".
- Higiene del sueño: El cerebro ansioso no puede sanar si no descansa. Evita pantallas dos horas antes de dormir, comidas copiosas en la noche, el alcohol, bebidas energizantes, etc.
- Reconocer el síntoma: Si el corazón se acelera, recuerda: "esto es solo ansiedad, mi sistema está fallando, pero estoy a salvo".
- Alimentación consciente: El exceso de cafeína, bebidas energizantes y azúcar son gasolina para la ansiedad.
- Aceptación del deseo: En mi obra "Laberintos del deseo", explico cómo la tensión entre lo que queremos y lo que nos permitimos ser genera una angustia profunda. A veces, la ansiedad es solo el síntoma de un deseo reprimido.
La medicación psiquiátrica, cuando es necesaria, no es una "droga" para doparte, sino un andamio que sostiene tu química cerebral mientras tú reconstruyes tu bienestar con terapia y cambios de hábito. No permitas que la ansiedad dicte el ritmo de tu corazón.

